lunes, 26 de mayo de 2008

Melodía de la autoconfianza.

Suspiro que se entretiene hablando con la arena del reloj vacío, reloj del tiempo de lugares que imperan sobre la columna del abrazo del círculo del ímpetu que sonríe ante la lluvia tímida.
Estiró el dedo el recién amado creyendo que su nervio saciaría el desdén con que la tierra se movía: en círculos concéntricos sobre el propio eje del Destino; en espirales suaves sobre el lucero hiriente del Alivio; a borbotones dulces sobre la mano izquierda de la Crudeza; sin redención posible dentro del vértice del Olvido.
Cambió de mueca cuando otra idea le sobrevino: contar espejos de margaritas sobre los sinos. "Una par impar, un vaso de vino; una soledad, un guiño furtivo".

- Mira qué tormentas de algodón y lino, mira qué tormentas, ella anoche vino.

[Ábreme los ojos y las manos, quiero oírte. Barrerás mis dudas de puntillas, sutilmente sobre mar de agu(j)as dulces.]

Ven, y dime:
¿Por qué yo? Si sólo existo. Si ni siquiera sé volar bajo la tierra. Si no he vivido aún volcanes escarlata. Si amo la ternura tanto que sentir me mata.
Todo lo que creí, entonces, todo lo que creé, se convirtión en un halo dulce de chocolate y mandarina, y las barreras cedieron amablemente su camino. Cambié de disco en ese instante, al Ataque Masivo, y con las tres melodías y los varios sentidos; las copas, los triunfos, y el sabor a Vida, tiñeron mi nombre en el horizonte.
Supe calmar mi quietud mojada, arrancar las trabas de mis derroches; de noche, fue, creyendo ver hadas, cuando compuse mi alma con siete broches.
Por cada nota uno, y en la semana, uno al día, dia por broche. En los colores mágicos del puente noble, broche por franja de melancolía.
Del cielo al mar, todo recorría huyendo de espíritus y fantoches. Mi espina dorsal, y mi energía, seguras ambas del calor sincero, insistiéndome en pelear por lo que quiero, confiaron en mí. Y así, y sólo así, gané partidas.
La de la Desidia, por grande, tosca y cansina; la de Soledad, por consecuencias dañinas; la de la Ilusión (a ésta la hice amiga) y la de Pasión, pa' volverla tibia.

Sobre mi altar, con los pies colgando, la media sonrisa "marca registrada", observé la escena: todos mis Yo's luchando y derrotando traumas, rompiendo barreras, ilimitando mis sensaciones.
Ganábamos, todos, porque siempre lo hemos sabido, y porque nos lo creímos. Yo seguía sonriendo viéndome ganar, estaba igual que hoy, con la misma ropa, las manos a ambos lados de las piernas y con luz, mucha luz, y sensibilidad, y confianza, y alivio, y sin esperar nada venidero, ni rematando nada, simplemente paladeando las esquinas (ahora más curvadas) de los caminos hipotéticos, la sedosa esfera de la locura, el campaneo "Re-Fa-La" de la presencia del cariño.
Me creí.
Y entonces se hizo.


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