Analizando...
pronto noté el balanceo de tus hilos de viva tela
y quise recordar,
segundo a minuto,
cada gesto que el juego nos brindó sobre una oliva de nácar.
Sólo se agolpan imágenes pobres, tan tullidas y trilladas,
sobre mi sien eterna, regaliz de gónada inconexa.
Y el caso es que en las horas se fueron los años:
volví a ver el mí como real y todo lo no nuestro,
lo no nosotros,
pasó de largo y puso un poso de paso en el piso de pasa reverdeciente por serte pisado.
Alimento de fe en mis geniales genes,
saltos secos sin sacar sal salvo saliva liviana nacida dando dolores rescatados, oscuramente tenaces,
esquivando, mientras, tú,
las preguntas que te respondían.
Analizando, quise recordar
cuánto todo de mi ser y cuánto ser de mi todo
había en cada verso en dedo;
porque no creí acariciarte, Diamante,
te calibraba;
tal vez mi Dios estuviera gozando y yo supiera saber a ti.
Como una blanca cama manejé genial algunos trazos de tu silueta excelsa.
Como una estría en plata pura (que no virgen) asomé en ti dúctiles dátiles, útiles frágiles que creyeron ser espuma de tus otrora glaciares.
Analizando, el balanceo
nervioso de tu nuez de aroma y fresa,
de tu plumada nuez,
de tu poblada fresa;
entreví un rescoldo de tintineo grácil.
¿Sabes, como la piel que estira su dorado margen y sujeta los días entre pares de padres?
Es tanta fuerza que al pensar vivo morir.
Tanta fuerza, tanta,
que escupa donde escupa siempre caerá en medio de lava.
Incluso, tanta,
que arroparé al cielo con semblante desquiciado y le haré la mueca fúnebre si es que te aciertas al no escucharte.
De imágenes pobres, bombillas ajadas y de esclavos lentos,
u hogueras cerca,
tal vez juntas, quizá Nunca sea una noción perfecta para dejar el Todo.
Tasé (te);
tasé, tosí y te besé.
Tasé, besé y rebusqué
en mi sed celular
la red medular
de tal festival
de carne en hielos encerezados.
Me desplegué,
cantó otra vez mi piel por los momentos
de tantos y tantos lunares bailes,
te supe amar;
en mi cabeza: todos de acuerdo.
Entonces trajiste el alma envuelta en tu muñeca para yo desvestirte y tú desnudarte
y yo sorprenderte y tú celebrarte pero hubo ese beso; el principio previo al antes del comienzo (lluvia de rosas rocas) que ordenó a ambos recordar las "Carpas" y los "Dimes",
así que dime tú si el Mar se encerró en tus labios
y por ello cautivó con frente abrupta y dulzona mi humanidad que patinaba naves.
Sería por menos de la cercanía bruta,
Asáltame en estos guiños,
donde todos te admiran.
Donde yo te suspiro.
jueves, 19 de junio de 2008
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